17 mayo, 2010

Brooke Greenberg: La niña que se negó a crecer



Una de las tantas rarezas que encontramos en el mundo es la que hoy les presento. Su nombre es Brooke Greenberg y ha sido un verdadero rompecabezas para los médicos. Una rareza que, en sus 17 años de vida, nadie ha conseguido explicar. Es como si se hubiera quedado congelada en el tiempo. Su cuerpo de poco más de medio metro de altura y 7 kilos de peso parece el de una niña de un año. Y su comportamiento es tan infantil como su apariencia exterior.

Hasta ahora este rompecabezas médico ha ilustrado reuniones científicas y reportajes de prensa. Ahora su caso se empieza a mirar con otros ojos, con los que ven una oportunidad para desentrañar las claves del envejecimiento humano. El rotativo británico «The Times» ha desvelado el interés de un grupo de científicos estadounidenses, de la Universidad del Sur de Florida por estudiar sus genes. Su objetivo no es tanto encontrar una solución para Brooke como hallar respuestas al envejecimiento humano.

Su ADN sugiere que el fallo de crecimiento podría deberse a los defectos genéticos que hacen que el resto de la humanidad envejezca. «Pensamos que tiene una mutación en los genes que controlan su envejecimiento y desarrollo y por eso parece como si se hubiera quedado congelada en el tiempo», explicaba a «The Times», Richard Walker, profesor de la Escuela de Medicina de la Universidad de Florida. De momento, han publicado un avance de su investigación en la que sugieren que aunque Brooke no parece envejecer, en realidad lo hacen algunas partes de su cuerpo de forma muy lenta.

Ahora el siguiente paso es comparar su genoma con una versión normal para descubrir esos genes y ver exactamente qué hacen y cómo controlarlos. Esta investigación protagonizará una conferencia de la Royal Society en Londres esta semana, donde se reunirán los investigadores en envejecimiento más importantes del mundo.

La hipótesis de partida es que el envejecimiento está controlado con un pequeño número de genes y que una vez identificados no sería difícil desarrollar nuevos tratamientos que mejoren la calidad de la vida humana y la aumentaran.

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